¿Conocéis a alguien que vaya a disgusto a bailar? ¿O que salga de una clase de baile de mal humor? Nosotros tampoco. El baile es el mejor ejemplo de fusionar deporte y diversión.

En él, se suman la satisfacción del esfuerzo y las sonrisas de no suponer un sacrificio. Implicamos a todas las partes existentes de nuestro cuerpo. El ejercicio es completo y ameno. La mayoría de los pasos de baile se ejecutan partiendo de la fuerza del abdomen. Casi sin enterarnos, potenciamos la musculatura abdominal así como el conjunto de nuestra anatomía: brazos, piernas, glúteos, etc.

Ganaremos en flexibilidad. Nuestras habilidades en coordinación y psicomotricidad se verán mejoradas. Bailar se convierte también en un excelente aliado de nuestro sistema cardiovascular, siendo aconsejable para aquellas personas que sufren problemas circulatorios. Asimismo, es una práctica muy recomendada en la lucha contra enfermedades relacionadas con la memoria. El aprendizaje de coreografías y su ensayo refuerza nuestras capacidades memorísticas. Todo ello resultan ventajas para nuestra vida fuera de la pista de baile.

Salud. Y no sólo a nivel físico, también mental. El baile despierta cuerpo y alma. Es una gran decisión añadirlo a nuestra agenda si estamos tratando de combatir la tan peligrosa epidemia actual: el estrés. No importa si nos atraen los ritmos más frenéticos o los movimientos más suaves. Sea cual sea el estilo que escojamos supondrá una ventana de desahogo y desconexión, aportando relax a nuestro día a día. ¿Sabías que se usa enterapias antidepresivas? El bailarín pierde timidez e inseguridad y gana extroversión y autoestima. Además, la práctica en grupo estimula nuestra faceta social y, a partir de la experiencia colectiva, nos enriquece individualmente.

FUENTE: http://www.dandi-mollet.com/

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