La alimentación infantil en el periodo preescolar o escolar es algo que habitualmente preocupa a los padres. En este artículo os voy a explicar por qué vuestros hijos en edad preescolar o escolar pierden el apetito o dejan de comer algunos alimentos en esta etapa.

Muchos padres me explican preocupados: “A mi hijo antes le gustaba el pescado, ahora no lo quiere ni ver” “Antes comía pimiento, ahora no lo quiere ni en la pizza” “Está desganado, come mucho para desayunar pero luego muy poquito en la comida y la cena”… y yo les digo: ¡Es normal! Es una etapa más que hay que pasar en la alimentación y que hace que ellos solos se autoregulen ingiriendo los nutrientes que necesitan individualmente.

Este periodo abarca desde los 3 años hasta el comienzo de la pubertad. Es una etapa de crecimiento estable. (El ritmo de crecimiento desciende gradualmente de forma lineal y hay una aceleración en la curva de peso).

La talla incrementa de 5 a 7 cm por año, mientras que el peso va aumentando con la edad a un ritmo aproximado de 2,5-3,5 Kg al año.

Por tanto, es una etapa en la que el crecimiento es constante pero se produce más lentamente que en el periodo anterior (cuando son bebés el crecimiento es mucho más rápido).

Sin embargo, entre los 7 y los 9 años se puede dar una aceleración.

Las niñas incrementan su peso y talla de forma más precoz y desarrollan más cantidad de tejido adiposo, mientras que en los niños se produce un mayor desarrollo del tejido muscular. Hay amplias variaciones de peso, es normal un peso de 30 Kg y uno de 45 a los 12 años.

En esta etapa las necesidades energéticas y proteicas para el crecimiento son menores. Por esta razón la mayoría de los niños a partir de los 2-3 años tienen menos apetito, rechazando algunas comidas y algunos alimentos que antes comían con normalidad.

Este proceso es autoregulador, de manera que compense una comida elevada con la siguiente de ingesta baja. Seguramente, la ingesta calórica diaria se mantendrá constante.

Asimismo, este periodo es de vital importancia ya que se adquieren los hábitos alimentarios que se mantendrán en la edad adulta y por tanto, de los que va a depender la salud y la calidad de vida cuando sea adulto.

Así que aunque el niño se niegue a comer pescado, verdura o fruta debemos seguir ofreciéndoselos, ya que llegará el momento en que los acepte y los coma sin problema.

Paciencia y constancia es clave en esta etapa en la alimentación de nuestros hijos.

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